Aspiraba el aroma del musgo de los muros del Neuschwanstein Schloß y su cara se iluminaba por el destello de un msn en el display de su teléfono celular. Era ella, nuevamente estaba reclamando por el silencio después de su acostumbrado acoso vía mensaje de texto.
Estaba en un lugar irreconocible. No era su habitación. No era su casa. No era el fin de un sueño. Indudablemente había sido arrastrado, le ardía su costado derecho. Tenía arañazos y tierra.
¿No había luz? Extrañamente tenía maquillaje y ropas raras. ¿Era ficción?
Llamar por teléfono para eliminar la duda – pensó. Pero, ¿a quién? A la insoportable acosadora. Ligero intento carente de éxito, frente a una señal intermitente que activaba una contestadora inhumana y ponía un límite a la búsqueda del conocimiento y a sus ansiadas respuestas.
La presión del silencio absoluto martillaba los tímpanos. La humedad creaba frío. El ardor del cuerpo era la sensación más reconocible. ¿Se terminaría el aire?
¿Gritar? ¿Qué?... Cualquier cosa frente a la incertidumbre. Las paredes y el piso eran de tierra y el techo de madera. Una tapa. Un pozo. Una fosa. Un agujero.
¿Qué hacía allí? ¿Qué esperaba? ¿A quién? ¿Por qué estaba en ese lugar incierto? ¿Quién estaba del otro lado?
La nada rozaba la piel. La ausencia lo rodeaba en la inmensidad para posarse en su pecho. Su garganta claudicaba. Su cerebro se detenía en el pedazo no escrito ni contado de su historia personal capaz de explicarlo en sus circunstancias presentes. La transpiración del momento hacía que la pintura chorree por su cara.
En el abandono buscaba explicaciones y ensayaba hipótesis sin experimentación para comprobarlas. Había sido arrastrado. ¿Por quién? La acosadora no volvió a comunicarse. No había ruidos. Ni el más mínimo. Las baterías bajas del celular comenzaron a crear un tenue bip que irrumpía en la totalidad de un universo vacío. Por fin el display se tornó gris e indicó un “bye bye!!”, signo indiscutible e inapelable de conclusión de conclusiones.
“¿Ahora estás bien?”. Fue el último mensaje que recibió de otra persona. Era de la acosadora. No sabe que le sucedió. No logra explicar esa totalidad que lo configura. Nosotros tampoco…
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